Haciendo zapping para encontrar algo decente que
mirar mientras terminaba de preparar un insípido revuelto de vegetales para
almorzar y mientras el tampón alojado en mi diseminaba por toda mi pelvis el
dolor de los abdominales realizados en dicha mañana, me encontré en un canal
musical de dudoso gusto, con este tema y automáticamente me retrotrajo
al invierno del 2008, viernes, no recuerdo la fecha exacta, pero seguramente
julio (Osea que estaríamos cumpliendo cinco añitos) era el día antes de las vacaciones
de invierno, después de las mismas el curso al que yo iba partiría hacia lo que
entonces denominábamos tierra prometida: el ansiado viaje de egresados a San Carlos
de Bariloche.
Entonces,
aquella mañana de invierno, sin resquemor de desobedecer a los mandatos de
nuestro muy católico colegio, después del segundo receso (si es que la memoria
no me falla) nos llenamos de cotillón Carioca y aunando fuerzas con los a veces
rivales de Humanidades y con increíble complicidad de las autoridades educativas,
bajamos hacia el patio cerrado principal para entonar este clásico de Ciro
convertido en himno entre otras canciones, reemplazando el clásico puente
musical de OH OH por Bariló Bariló Bariloche. Recordé que fue tal el pogo y las
sensaciones vivenciadas que el bretel de mi recargado corpiño no resistió la
emoción y me dejo en banda, automáticamente fuimos con mi aliada Luciana a
arreglarlo al baño y notamos que otras “pechugonas” compañeras estaban en la
misma, eso hacia la experiencia aun mejor.
Luego de eso, terminamos de festejar y salimos
del colegio con ganas de caminar inexistentes, así que con Lu nos fuimos a
esperar el cole de la línea “B” y me encontré con una conocida que confundió la
transpiración que cubría mi camisa y mi exacerbación y los restos de
celebración regados por todo mi uniforme dados los divinos momentos vividos con
descompostura y me preguntó si estaba bien, recordé todo esto y no pude evitar esbozar
una sonrisa en contraposición con la falta de sal de mis zapallitos revueltos,
me di cuenta de que la sensación que invadía mi cuerpo, era mas que nostalgia o
un simple optimismo, se trataba de la inconfundible sensación en la boca del
estomago, absoluta y plena FELICIDAD .
Y
es hoy, que me pregunto, ¿Qué era lo que hacía tan especial aquella situación?
Y me doy cuenta que la respuesta posiblemente se trataba de que era el primer
día del resto de mi vida, como dicen en las películas yanquis, ya que estaría
de vacaciones, luego Bariloche, luego mi fiesta de cumpleaños número 18, luego
terminar el colegio, rendir matemática y química orgánica, entrega de diplomas,
misa celebratoria, fiesta de egresados, Navidades, fin de año, vacaciones con
mis amigos por primera vez sin supervisión adulta, luego me mudaría a Rosario,
comenzaría la Universidad ,
terminaría de ponerme en forma, antes de los cinco años (si claro) me graduaría,
conseguiría mi trabajo soñado, llevaría a cabo todos mis guiones y asignaturas,
conocería a alguien que me quisiera tal cual soy, nos enamoraríamos, y
casaríamos, viajaríamos por todo el mundo, tendríamos nuestro hogar de ensueño,
con todas las necesidades básicas más que satisfechas, amigos increíbles,
mascotas antropomorfizadas, hijos excepcionales, acabaríamos con el hambre en
el mundo, revolucionaríamos el periodismo, creceríamos aun mas espiritualmente,
y seríamos felices por siempre y para siempre.
Hoy
puedo decir que aún ABSOLUTAMENTE NADA de esto se cumplió, y creo que no porque
yo no haya intentado trabajar en esto, sino porque la vida no es lo que uno desea
sino que la vida es…
¡NO
TENGO IDEA! ¿QUE SE PIENSAN? XD… pero seguro que no lo que uno planea, hoy la
vida son materias atrasadas acumuladas para rendir, problemas económicos, falta
de inspiración hasta a la hora de escribir, dolores nuevos, colesteroles altos,
cuentas impagas, curriculums retocados a mano, soledad, aburrimiento, desidia,
sensaciones encontradas, desenamoramientos, dolorones emocionales, etc…
Pero
a no decaer en el pesimismo que la vida también es, familia que en absolutamente
todas nos banca, amigos que acompañan, conocer gente extraordinaria y a veces
también ordinaria, ir encontrándole el gusto al porqué de aquello que nos pasa
y de cada pequeña cosa encontrar la moral, el sentido y la experiencia.
Así
que para resumir pienso que mi invierno 2013 no tiene nada que envidiarle a
aquel de 2008 porque de algo estoy segura y eso es, que tengo el resto de mi
maravillosa vida, por delante.
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