Esta historia es 100% real y verídica, le sucedió a la amiga de una amiga cuyo nombre por razones de seguridad será cambiado a Jessa, quien hoy nos comparte éste bello relato...
... Se conocieron estudiando la misma carrera. Él parecía extravagante para estar estudiando en un profesorado: pelo color azulado, piercings en la ceja, varios en la oreja, tatuajes en la muñeca y en el cuello. Más allá de lo “hostil”de su aspecto, tenía un corazón de oro, una paciencia y capacidad para recibir al otro particular y una sensibilidad que conmocionaba.
A ella le resultaba interesante esa personalidad tan ambigua, es por eso que no tardó en ganarse su confianza y compartir con él desde largas charlas hasta los trabajos prácticos o espacios de estudio.
Se volvieron inseparables y, a lo largo del tiempo, se estrechó su vínculo. Ella no se daba cuenta en absoluto del interés creciente de él hacia ella. Debió haberse dado cuenta cuando probaba su paciencia para que él le explicara hasta el cansancio, una y otra vez, los temas dados en Inglés, o cuando sin tener necesidad, la acompañaba cada noche a la parada del colectivo y esperaba los eternos veinte minutos que demoraba el micro o cuando la sorprendía cada día con un chocolate distinto.
Lo cierto es que cuando alguien le abrió los ojos, ella sintió que se moría, ¿qué iba a hacer? ¿cómo no se había dado cuenta antes? Y lo que era peor ¿cómo seguir con esa amistad fingiendo que nada pasaba?
Ella se preguntó a sí misma una y otra vez qué le pasaba realmente con esa persona, descubrió que verdaderamente lo quería pero como amigo, como compañero, como colega, pero que su corazón ya había tomado una decisión y él, precisamente, no estaba en sus planes.
De ahí en adelante trató de desviar con él todo tipo de conversación personal, cada vez que él insinuaba algo, ella salía con cualquier otra cosa, se sentía una tonta, una idiota y una cobarde por no animarse a enfrentarlo.
Esta situación llegó a su punto final cuando alguien, que siempre los veía pasar juntos, le preguntó a ella: “¿estás saliendo con él?” Ella, muy suelta, le contestó: “No, nada que ver, sólo somos muy buenos amigos”, con tanta mala suerte que él la escuchó.
A partir de ese momento la relación de ambos cambió rotundamente, poco a poco fueron distanciándose hasta que sólo fueron simples “compañeros” del profesorado. Ella se sintió, por un lado más aliviada, pero por el otro con una gran “culpa”por haber permitido que las cosas llegaran al punto de confundir una amistad con otro tipo de relación.
El tiempo hizo que los sentimientos se encauzaran, que el vínculo se estabilizara, pero ya no hubo más chocolates.....y hasta el día de hoy eso, es lo que más lamenta.
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